“Los fumadores que llevan más de 10 años consumiendo desarrollan lo que denominamos ‘cara del fumador’ con más arrugas, más marcadas, una piel más grisacea, menos luminosa y más atrofiada”, subraya el portavoz de la Academia de Dermatología.
Relación con el cáncer de piel
Además de los efectos cosméticos, el tabaco tiene otras consecuencias dermatológicas relacionadas con graves problemas de salud. Así, está demostrado que a los fumadores les cicatrizan peor las heridas, efecto que se ha estudiado concretamente en operaciones de cirugía estética, a las que las mujeres fumadoras han respondido peor que las no fumadoras por tardar más en cicatrizar las lesiones.
Por otra parte, está demostrado que el tabaco es uno de los mayores factores de riesgo para desarrollar enfermedad vascular periférica, una dolencia con graves (y visibles) consecuencias para la piel.
El tabaco también tiene relación con el cáncer de piel, aunque no de forma tan directa como con otros tipos de neoplasias. Así, diversos estudios han demostrado que los tumores más asociados con el humo del tabaco (como el de pulmón) tienden más a producir metástasis en la piel que otros tipos de cáncer. Además, el Dr. Aizpún señala que, aunque está demostrado que el tabaco no provoca el cáncer de piel más mortal, el melanoma, “se observa un peor pronóstico en los pacientes de melanoma fumadores”.


