Una vez que despierta, el cerebro envía al resto del organismo un estimulo hormonal, que equivale a arrojarle una cubeta de agua fría. Ordena a las glándulas suprarrenales a liberar epinefrina y norepinefrina, dos estimulantes mensajeros químicos que circulan en la sangre. Al despertar, y especial mente cuando uno se incorpora por primera vez en el día, la presión arterial se eleva y las ondas cerebrales cambian, de los trazos y ahusados de dormir sin soñar a las líneas propias del estado de vigilia, que son menos amplias.
Poco antes de despertar, la temperatura del cuerpo es de aproximadamente 37 grados C.: ha ido subiendo desde 4 de la madrugada, poco más o menos, cuando llega al mínimo de 35.5 grados C. Cuando entramos en acción, por la mañana, empieza a aumentar nuestra frecuencia cardiaca y respiratoria. Aunque todo esto sucede sin nuestro control consciente, hay métodos para que el acto de despertar le resulte menos traumático al organismo.
He aquí los consejos de los expertos en los mecanismos del sueño:
- Expóngase a la luz. La primera luz del amanecer representa la llamada natural para despertar. Si se le dificulta estar alerta en la mañana, salga en cuanto se levante, que ha aplicado el efecto de la luz matutina en el tratamiento de personas a quienes les cuesta trabajo despertar. También sugiere salir de la casa unos 15 minutos para aprovechar la poderosa influencia de la luz sobre los ritmos del organismo humano; pero advierte que no se debe dirigir la vista al sol.
- Mantengase abrigado: generalmente la temperatura se eleva al iniciarse el día.
- Haga ejercicio moderado: Si se goza de buena salud, un poco de ejercicio en las mañanas eleva la temperatura del cuerpo, acelera la circulación y da vigor.
- Evite los somníferos y el alcohol. Estas sustancias hacen que usted despierte amodorrado. Además pueden causar olvidos. Si usted ha estudiado en la noche y toma un somnífero, es poco probable que la mañana siguiente recuerde lo que intentaba aprender.
- Medite: cuando suene el despertador, quédese acostado y reflexione sobre el día que tiene por delante. Evoque pensamientos positivos, mientras respira profundamente una o dos veces. Concedase unos 45 minutos de reposo en la mañana, leyendo el periódico, por ejemplo, o desayunando con toda calma.
El sueño y el rendimiento escolar
Los científicos coinciden en señalar que los adolescentes necesitan dormir en promedio, tanto tiempo como los niños pequeños: nueve horas y cuarto cada noche. El adolescente medio duerme poco más de siete horas diarias entre semana, y dormir hasta después del mediodía los fines de semana no compensa ese déficit. Por otro lado, diversos estudios acerca de la concentración de medatonina, hormona asociada con la somnolencia, en la sangre muestran que, de manera natural, los adolescentes concilian el sueno mas tarde y duermen mas tarde. Como consecuencia, los maestros suelen llamar a la primera parte de la jornada escolar, la hora de los zombis. Los muchachos asisten a la escuela con el Orebro aun ajustado al horario nocturno.
Existe una gran probabilidad que los estudiantes que obtienen malas o regulares calificaciones en la escuela dormían menos tiempo que los muchachas que sacaban mejores calificaciones. Como el ritmo del sueño es regulado por la cantidad de la luz, es conveniente que enciendan las luces en cuanto despierten y que no se vistan a oscuras. Después harían bien en realizar alguna actividad física, como sacar a pasear al perro, para adelantar su reloj biológico.


