El nuevo estudio forma parte de un gran esfuerzo por evaluar la calidad de la atención médica que se ofrece a personas mayores, y los resultados son hasta ahora algo decepcionantes, afirmó Ganz. "Sabemos que la calidad de la atención en personas mayores no es tan buena en general", dijo.
Para la artritis, los investigadores hallaron que la mayoría de la gente entrevistada estaba recibiendo la atención de su médico de familia. Sólo el 12 por ciento reportó haber visto a un reumatólogo en el año anterior. Cuando se les preguntó si "¿algún médico o enfermera le informó sobre posibles efectos secundarios?", una mayoría respondió que "No".
Un gran parte de problema yace en que muchas prácticas médicas son como líneas de ensamblaje, explicó Ganz. "Lo que considero es que pasan demasiadas cosas al mismo tiempo", apuntó. Cuando una persona mayor y frágil solicita ayuda para aliviar el dolor de la artritis, el médico a menudo opta por la manera más fácil, explicó.
"Pero a medida que una persona envejece, se vuelve más frágil y padece otras complicaciones, el tema de los efectos secundarios resulta cada vez más importante", dijo. "Es difícil hacer un esfuerzo consciente cuando se ve a un paciente cada 15 minutos".
Una parte de la solución podría depender de los mismos pacientes, dijo Ganz. "Parte de la meta de escribir este informe es para hacer a las personas mayores conscientes de que deben hacer preguntas sencillas como, '¿doctor, cuáles son los efectos secundarios de este medicamento?'", declaró.
Pero el proveedor de atención médica tiene también responsabilidades, sostuvo Ganz. Es algo común que los médicos escriban una receta en la computadora, explicó, y cuando lo hacen deberían tomar en cuenta la vulnerabilidad potencial del paciente a los efectos secundarios. "Debería haber un mensaje de advertencia en la pantalla", dijo.
(Este articulo fue tomado con la debida autorizacion escrita de:www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish)


