La dieta de la embarazada

 
La dieta de la embarazada

Una dieta sana es siempre recomendable, pero hay etapas fisiológicas, como la del embarazo, en las que el tema alimentario es básico. La salud del nuevo ser, la de la madre y la futura lactancia dependerán en gran parte de la alimentación que se siga durante los nueve meses de gestación. Afortunadamente, en nuestro medio no hay ni grandes carencias nutritivas ni desnutriciones extremas, pero esto no significa que la dieta de las gestantes sea siempre la adecuada.

El embarazo requiere un gasto energético considerable (unas 75.000-80.000 kcal), algo que, según los expertos, debe suponer un incremento calórico en la dieta diaria de unas 150 kcal en el primer trimestre y de unas 300 kcal en el segundo y el tercero. Por tanto, el menú de la embarazada será un poco más consistente que el habitual, pero ni mucho menos deberá "comer por dos" como se creía antes. Tampoco tiene que seguir dietas demasiado restrictivas o de una energía inferior a las 1700-1800 kcal, ya que podría conllevar problemas al feto.

El embarazo también supone un aumento de los requerimientos proteicos, pues para la "fabricación" del futuro bebé las proteínas son esenciales. Por ello será imprescindible que se aumenten un poco la dosis de alimentos ricos en proteínas de alto valor biológico como carne, pescado, huevos, lácteos, etc., sin olvidar los que contienen proteínas vegetales como las legumbres, los frutos secos o los cereales enteros. Así pues, durante los nueve meses se procurará que la ración de filete o pescado sea más generosa que la habitual y que diariamente la dieta contenga carne, pescado o huevos.

En cuanto a los farináceos, la cantidad será similar a la de la dieta normal, aunque es recomendable optar preferiblemente por los integrales. Éstos contienen vitamina B, muy importante durante estos nueve meses, y fibra, que será una buena ayuda para evitar los frecuentes problemas de tránsito intestinal lento. Los productos de pastelería, la bollería y similares, aunque sean objeto de múltiples "antojos" y caprichos varios, será mejor relegarlos a ocasiones esporádicas. El pan integral, los cereales integrales y derivados serán ingredientes especialmente aconsejables.

El aporte de grasas no debe ser distinto al de una dieta equilibrada, si bien se ha de tener en cuenta que durante el embarazo hay un cierto aumento del colesterol, los triglicéridos y otros lípidos en sangre aunque la pauta alimentaría sea correcta. Dichos parámetros suelen normalizarse dos o tres meses después del parto. El aceite de oliva será el de elección procurando no hacer excesos con las grasas saturadas como las de las mantequillas, los lácteos enteros, las carnes grasas o algunos productos de pastelería.

Los requerimientos vitamínicos aumentan, sobre todo de vitaminas A, B, C y ácido fólico, pero no disponemos de datos suficientes como para afirmar que con una dieta equilibrada una persona sana no pueda cubrirlos perfectamente. Los suplementos vitamínicos se dan casi siempre de forma preventiva, pero no es fácil saber cuándo son realmente necesarios.

Los minerales también se necesitarán en dosis superiores a las habituales, sobre todo en lo que se refiere al calcio, fósforo, zinc, yodo y hierro. Este último se administrará en muchos casos en forma de suplemento, pues las reservas fisiológicas de hierro en la embarazada son con frecuencia bastante escasas.

Recordemos que el hierro se encuentra básicamente en la carne, los huevos y las legumbres; el calcio se obtendrá principalmente de los lácteos, el yodo del pescado o la sal yodada y el fósforo de múltiples alimentos.Por último, apuntar que la bebida de elección es el agua y que durante los nueve meses es aconsejable una abstinencia casi absoluta de bebidas alcohólicas.

En caso de embarazo es importante tener en cuenta

Es importante que no transcurran muchas horas entre una comida y otra, y que el desayuno sea completo, pues hay una cierta tendencia a que los niveles de glucosa en sangre sean más bajos de lo habitual en ayunas. La embarazada no debe estar muchas horas sin comer.  Debe controlarse el aumento de peso, que suele oscilar entre 9 y 12 kilos, pero en ningún caso se seguirán dietas drásticas ni regímenes desequilibrados. Aunque la embarazada tenga sobrepeso o incluso obesidad, la dieta deberá ser equilibrada y con un aporte energético mínimo de unas 1700 Kcal. Lógicamente, se recomienda que el incremento de peso de una persona obesa sea algo menor que el de una embarazada delgada pero nunca por debajo de los 7 kilos. Asimismo, no será forzosamente alarmante que una leer más

(Este articulo fue tomado con la debida autorizacion escrita de:www.eugin.net)





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