las que se registraron -aparte del historial clínico, antecedentes familiares y hábitos de vida- sus cifras de
tensión arterial, el índice de masa corporal, el diámetro de su cintura en relación al de sus caderas (para determinar la existencia de acumulación de grasa en la zona del abdomen), así como sus cifras de lípidos y glucosa en sangre. El síndrome metabólico era diagnosticado si tres o más de los factores mencionados presentaba cifras por encima de lo habitual. En el transcurso del estudio, se produjeron 109 muertes, de las que 46 acaecieron por causas
cardiovasculares (27 de ellas relacionadas directamente con problemas coronarios). Tras ajustar todos los factores implicados en los fallecimientos, los científicos observaron que el síndrome metabólico multiplicaba casi por tres las posibilidades de muerte por cualquier causa cardiaca. "Este incremento es independiente de otros hechos importantes que también contribuyen [a la aparición de la enfermedad cardiovascular] como el tabaquismo, el consumo de
alcohol o las cifras de colesterol LDL [el malo] en sangre", explican los autores que, además, recuerdan que el problema es grave "incluso en las fases tempranas, antes que se manifiesten la enfermedad cardiovascular o la diabetes".
De esta forma, urge la necesidad de diseñar políticas de salud pública encaminadas a tratar, identificar y prevenir el síndrome metabólico característico de las sociedades modernas, en las que la obesidad y la inactividad física están convirtiéndose en auténticas epidemias. Muchos estudios han demostrado que pequeños cambios en los hábitos de vida (actividad física, pérdida de peso y dieta saludable) tienen gran trascendencia a la hora de reducir la intolerancia a la glucosa de los pacientes afectados.