Cuando hay síntomas estos pueden ser disuria, dificultad para la micción, mayor frecuencia urinaria, retención completa, dolor de espaladas o caderas y hematuria en orden descendiente. Debe considerarse como sospechoso en hombres de más de 40 años con hemasuria, frecuencia o dificultad para orinar sin obstrucción uretral mecánica. Las superficies posteriores de los lóbulos laterales donde suele iniciarse el cáncer son fácilmente accesibles al tacto rectal, característicamente la consistencia del carcinoma es dura, modular e irregular sin confundirla con la induración del área de fibrosis de la hipertrofia prostática benigna, infartos focales o cálculos. El tacto rectal puede descubrir la tensión a vesículas seminales. El linfedema escrotal, de extremidades inferiores o ambos por infiltración de ganglios linfáticos pelvianos es manifestación de enfermedad extensa.
Biopsia
Esencial para el diagnóstico cuando hay característica palpable. Aguja con mandril transperineal o transrectal. Citología de la punción con aguja fina. Marcadores bioquímicas, se eleva la fosfatasa ácida serica, sobre todo si hay metástasis óseas.
Valoración de la metástasis
La pelvis ósea o las vértebras lumbares son los huesos afectados con mayor frecuencia aunque también puede haber metástasis en vértebras dorsales, costillas y cráneo o huesos largos.
Tratamiento Quirúrgico: El mas antiguo es la prostatectomia perineal radical permite efectuar una anastomosis vesicoureteral con mayor facilidad y menos hemorragia pelviana. Antes ambas operaciones producían impotencia en la mayor parte de los pacientes, el acceso retropubico permite conservar el aporte neurovascular a los cuerpos cavernosos y la potencia sexual sin disminuir la eficacia de la operación.
Radiación: Se ha convertido en el tratamiento primario para el carcinoma prostático, debido al deseo de evitar la impotencia y la incontinencia ocasionales que se representan en la prostactectomia.
Privación de andrógenos: se puede por:
- Extirpación quirúrgica, castración y suprarrenalectomia
- Inhibir la producción de gonadotropina hipofisiaria, tratamiento con estrógenos o administración de análogos de hormona liberadora de luteinezante (LHRH)
- Inhibición de síntesis de andrógenos en testículos y suprarrenales (amoglutenidad)
- Impedir la fijación de andrógenos a su proteína receptora (citroterona o flutama) Las formas más empleadas son la castración y el estrógeno terapia.
Quimioterapia: El grupo de edad en mayor riesgo de cáncer de próstata tolera mal la quimioterapia.
Prostatitis: Incluye diversos trastornos inflamatorios que afectan la próstata incluyendo infecciones agudas y crónicas con bacterias especificas y trastornos en los que los síntomas y signos de inflamación prostática, pero que no se detectan microorganismos específicos.
Prostatitis bacteriana aguda: hay fiebre, escalofrió, disuria y próstata tensa o palustre hipersensible. Identificar el germen causal en la orina, especialmente se ven gramnegativos o el staphylococus. Puede usarse trimetropin sulfamoxasol o cefalosporinas. El pronóstico es bueno aunque en algunos casos la infección puede generar abscesos, epidimio orquitis, vesiculitas seminal, septicemia y prostatitis bacteriana crónica residual.
Prostatitis bacteriana crónica: Por lo general no hay síntomas, la próstata se siente normal. Puede haber numerosos leucocitos en sedimento urinario. Los antibióticos tienen poca utilidad debido a su limitada penetración en la próstata.
Prostatitis no bacteriana: Exhiben un aumento de leucocitos en las secreciones que se obtienen mediante masaje de la próstata y en la orina después del masaje y ausencia de reproducción bacteriana en los cultivos. Como la prostatitis no bacteriana predominan en los varones jóvenes sexualmente activos y como muchos casos suceden después de un episodio de uretritis inespecífica es posible que el agente causal se transmita por contacto sexual.


