Uso indebido de los antibióticos

Un poco de historia
Los antibióticos son sustancias medicinales o drogas que atacan a las bacterias, hongos, o los animales minúsculos llamados protozoos, bien sea destruyéndolas o inhibiendo su reproducción. Fueron inicialmente descubiertas como productos de otros microorganismos (gérmenes), pero pueden ser modificados químicamente para mejorar su efectividad. Algunos antibióticos son producidos por organismos vivientes tales como bacterias, hongos, y esporas. Otros son en parte totalmente sintéticos es decir, producidos artificialmente. La penicilina es quizás el mejor antibiótico conocido.
La primera observación de lo que hoy en día se denomina efecto antibiótico fue realizada en el siglo XIX por el químico francés Louis Pasteur, al descubrir que algunas bacterias saprofitas podían destruir gérmenes del carburo (enfermedad también conocida como ántrax) Hacía 1900, el bacteriólogo alemán Rodolf von Emmmerich aisló una sustancia, capaz de destruir los gérmenes del cólera y la difteria en un tuvo de ensayo. Sin embargo, no eran eficaces en el tratamiento de las enfermedades.
En 1928, un investigador escocés, Alexander Fleming descubrió de manera accidental el primer antibiótico, la penicilina, cuando observó en una placa de cultivo que una bacteria no pudo sobrevivir en presencia de un hongo contaminante (P.notatun). Pero hubo que esperar hasta 1930 para que la Penicilina lograra ser extraída y purificada de este hongo. Este descubrimiento marcó el inicio de desarrollo de posteriores compuestos antibacterianos producidos por organismos vivos. Howard Florey y Ernst Chain, en 1940, fueron los primeros en utilizar la penicilina en seres humanos.
Qué está pasando en estos tiempos?
En la actualidad es muy normal que a una personas aquejadas de fiebre y dolor debido a una severa faringitis por estreptococos, el médico le recomiende ampicilina, tres veces al día durante 10 días. Pero es común que antes del cuarto día la persona se sienta mejor y suspenda la medicación, para luego de una semana volver a sentir el dolor de garganta, de tal manera que decide reiniciar el tratamiento hasta terminar las medicinas anteriores. A los pocos días vuelve a enfermarse y el médico le receta el mismo medicamento.
Este caso es un ejemplo muy representativo del uso indebido de los antibióticos. Al interrumpir la medicación antes de lo indicado y luego reanudarla sin consultar al médico y por un período insuficiente, es muy probable que haya menoscabado la eficacia del fármaco contra la infección. Si así fue y esta persona contagió a alguien, la ampicilina tampoco le habrá servido de mucho.
Las personas que actúan así están contribuyendo a crear una grave crisis de salud pública. Por ejemplo, entre los millones de estreptococos que le infectaron la garganta había algunos más fuertes y un poco mejor equipados que los demás para repeler el ataque de determinado antibiótico. Si un enfermo en estas condiciones toma dicho antibiótico sólo en cantidad suficiente para matar los gérmenes más vulnerables, el grupito de los fuertes puede sobrevivir y reproducirse hasta formar una colonia; esta nueva generación será más resistente al fármaco utilizado. Ante otro ataque del mismo antibiótico, acaso mueran todos, salvo los ejemplares más fuertes de la tercera generación, cuyos descendientes serán todavía más resistentes.
En Estado Unidos, este proceso ha ocasionado el brote de una grave enfermedad bacteriana de los pulmones: una tuberculosis resistente a numerosos antibióticos. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, de Atlanta, Georgia, en 1992 se presentaron más de 26,000 casos de tuberculosis en ese país es decir, 20 por ciento más que en 1985. Hasta hace unos años, la enfermedad se trataba con relativa facilidad mediante el empleo combinado de tres antibióticos, pero hoy algunos enfermos llegan a necesitar siete.
Hasta la fecha, los casos de esta nueva y mortal tuberculosis se han presentado sobre todo en cárceles y asilos de indigentes (que a menudo son campos de cultivos idóneos para las bacterias), así como entre los enfermos de sida, que son muy susceptibles a las infecciones. Sin embargo, algunos expertos opinan que esta enfermedad es el heraldo de una multitud de padecimientos infecciosos que, si bien son curables actualmente, acabarán por volverse invulnerables a los antibióticos, a menos que se adopten medidas enérgicas para impedir el uso indebido de estas drogas.
En los diez últimos años, varias cepas leer más


