En resumidas cuentas, si existe un exceso relativo de estrógenos (uso de anticonceptivos, terapia de reemplazo hormonal con estrógenos, exposición a estrógenos ambientales, etc.) o una disminución relativa de los niveles de progesterona (trastornos anovulatorios, hipotiroidismo, dieta deficiente, estrés crónico, etc.), ocurre la dominancia estrogénica. Se estima que la incidencia de esta condición en el occidente es cerca del 50% en mujeres mayores de 35 años. Algunos de los comentarios comunes escuchados en las mujeres en relación con esta condición se muestran a continuación:
- Mis pechos están inflamados y están creciendo.
- No me caben mis anillos en mis dedos.
- Estoy más impaciente que nunca.
- La gente me dice que estoy bien "mandona".
- Tengo cólicos como si fuera jovencita.
- A veces no tolero mi regla o me llega de manera irregular.
- Me asusta cuando veo coágulos grandes en mi menstruación.
- Tengo síndrome premenstrual.
- Cuando me abrazan me duele el pecho.
- Tengo fibromas o miomas.
- Tengo endometriosis.
- No quepo en mis zapatos. Tengo quistes en mis pechos.
- Me siento cansada todo el tiempo.
Si se siente familiarizada con algunos de estos enunciados pudiera estar teniendo esta condición. Hace 100 años, la mujer promedio comenzaba a menstruar a los 16 años, se embarazaba a más temprana edad y más veces y lactaba más. En total, la mujer experimentaba su ciclo menstrual entre 100 y 200 veces en su vida. La mujer moderna empieza su pubertad a los 12, casi no lacta, tiene menos hijos y tiene de 350-400 veces su ciclo menstrual durante su vida. Esto implica mayor exposición a niveles de estrógenos a lo largo de la vida. Por algo se han relacionado a la lactancia, a los embarazos, a la edad tardía de la primera menstruación, con una disminución de la incidencia de algunos cánceres estrógeno-dependientes, como el de mama y endometrio. La menstruación incesante ha sido relacionada con un aumento en la incidencia de varias condiciones patológicas incluyendo infertilidad, cáncer, fibromas, anemia, migrañas, cambios de estado de ánimo, dolor abdominal, retención de líquidos, endometriosis, enfermedad fibroquística, etc. ¡Qué diferencias hace un siglo!


