me veo flotando en medio de la oscuridad mientras giro cada vez más rápido en una región sin nombre, fuera del tiempo, casi no terrenal. Me angustio y quiero poner los pies en el suelo. Pero no hay nada sobre lo que plantar los pies. Esta es mi pesadilla: soy una persona engendrada por inseminación artificial con esperma de donante y nunca conoceré la mitad de mi identidad". Este es el testimonio con el que Margaret conmovió al mundo algunos años atrás.

El golpe.  Tras conocer el modo en que la concibieron, Margaret decidió denunciar el trauma de ser hija probeta. "Siento rabia y confusión y se me plantean miles de preguntas: ¿De quién son los ojos que tengo? ¿Quién puso en la cabeza de mi familia la idea de que mis raíces biológicas no importaban? No se puede negar a nadie el derecho de conocer sus orígenes biológicos".

La fecundación. Es muy probable que el proceso de fecundación de Margaret haya empezado igual que los otros, con la selección del donante de esperma, que debe cumplir con las usuales características requeridas por los virtuales clientes, es decir el color de ojos, piel o cabello.

Según Margaret afirmó, de acuerdo a sus propias investigaciones, "a menudo se hacen varias pruebas con un donante distinto cada vez, hecho que hace prácticamente imposible determinar quién es exactamente el padre biológico, más aún cuando después de la donación se eliminan los registros". Al mismo tiempo, se obtienen varios óvulos de la madre y entonces se realiza la fecundación artificial. "Generalmente se realizan varias inseminaciones como si fuera una especie de lotería de fecundación para obtener mejores resultados", explica Margaret.

Bebé olvidado. Según Margaret, el problema radica en que "la inseminación artificial responde al interés de la intimidad de los padres y del médico, en vez de al interés del niño… Pero un hijo no es una mercancía ni una propiedad, es una persona que tiene sus propios derechos".

No cuenta. Para Jacques Testart, el primer investigador francés en practicar una inseminación artificial, este argumento nunca preocupó a los impulsores y empresarios de la fecundación in vitro, que han sabido explotar el deseo de hijos en matrimonios estériles o mujeres solas para asegurar sus propios intereses. Desde hace varios años Testart se opone rotundamente a estas prácticas "porque no respetan las normas morales y llevan a tratar al ser humano como una mercancía y no como una persona", algo que tristemente se comprueba día a día a una escala cada vez mayor.

(Este articulo fue tomado con la debida autorizacion escrita de:www.aciprensa.com)





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