A decir verdad aplicarse la vacuna es, más allá de una cuestión médica, es una ecuación de costo-beneficio. Basta con colocar en un plato de la balanza lo que significa vacunarse (el costo comercial de la vacuna, más la “molestia” de recibir un pinchazo) y en otro los trastornos que implican tener que estar una semana bajo reposo absoluto, privados de actividad y con las típicas molestias ocasionadas por la gripe, para llegar a la evidente conclusión de que lo mejor es vacunarse.
De todas maneras, los especialistas concuerdan en que existe un conjunto de individuos para los cuales las desventajas de no aplicarse la vacuna son mucho mayores que para cualquier otra persona. Esta población es la que posee una mayor propensión que los demás integrantes de una sociedad a contraer la gripe. Ellos son los que constituyen el llamado “grupo de riesgo”, compuesto por distintos estratos:
Niños pequeños: las defensas inmunitarias de los chicos menores de tres años suelen ser particularmente vulnerables a los ataques del virus influenza, ya que los mismos no han concluido el fortalecimiento de sus sistemas de protección natural.
Personas mayores: los ancianos también constituyen un grupo de peligro, ya que sus sistemas inmunológicos suelen no ser tan eficaces como los del individuo joven. Además, sus capas mucosas internas sufren el deterioro producido por el paso del tiempo, lo que aumenta la permeabilidad de estas barreras orgánicas.
Alérgicos: debido a su constitución inmunológica, estos grupos suelen estar más predispuestos a padecer cuadros de rinitis. Si a ello les sumamos los cuadros gripales, tendremos pacientes que estarán enfermos todo el año. Cardiópatas: aquellos que sufran trastornos del corazón también deben extremar las medidas de cuidado a través de la vacunación, ya que en estos pacientes una gripe puede ser mucho más peligrosa que en una persona sana.
No todas las vacunas son aguales
Si bien el mercado cuenta con diversas clases de vacunas ante la irrupción de la gripe, es necesario aclarar ciertos matices en este sentido. En primer lugar, debemos decir que hoy existe un solo tipo de vacuna antigripal, cuya forma de aplicación es inyectable, aunque algunos expertos puedan estar trabajando en el desarrollo de otras formas de administración, para hacerla menos traumática aún. Como ya lo hemos aclarado, esta vacuna fomentada por la investigación de los más destacados laboratorios en el mundo -bajo el auspicio de la OMS-, cuenta con una síntesis de todas las partículas de todos los virus atenuados o muertos conocidos en el mundo (no sólo en el país en el que la vacuna habrá de distribuirse), y se aplica en una sola dosis una vez por año. Este medicamento es de suma utilidad para la salud de toda la población e, incluso, constituye una herramienta necesaria para los llamados grupos de riesgo.
Por otro lado, debemos distinguir una segunda variedad de vacunas: las antimicrobianas, que son recetadas por algunos especialistas para combatir cuadros de catarros y tos, entre otros síntomas. Estas vacunas (llamadas polivalentes) están disponible en una gran variedad de presentaciones, como jarabes, gotas, geles y pastillas, y pueden resultar de utilidad en algunos casos puntuales.
Finalmente, la ciencia cuenta con medicamentos que apelan a la estimulación inmunológica. La función primordial de este novedoso remedio consiste en intentar una activación de las defensas naturales del organismo. Vale aclarar que esta clase de fármacos, de éxito parcial, ha logrado producir la reactivación inmunitaria del organismo, aunque sólo en ciertos casos.
Alimentos para estar bien preparados contra la gripe
Cuando pensamos en qué alimentos pueden protegernos contra la gripe, casi indefectiblemente nos acordamos de las naranjas. Y no está muy lejos de lo indicado. En efecto, estas frutas, al igual que otros cítricos, son sumamente ricos en vitamina C, fomentada por el doblemente Premio Nobel, el doctor Linus Pauling.
La incidencia del ácido ascórbico o vitamina C en la prevención de esta enfermedad viral radica en que esta vitamina, como otras, permiten mantener en alto la guardia inmunitaria orgánica, que puede evitar el desarrollo de diversas enfermedades.
No obstante, esto no significa que comer naranjas sea como “vacunarse” contra la gripe. Más bien, el secreto pasa por constituir un buen sistema inmune, lo cual nos hará más resistentes contra los embates virales.
¿Cómo lo logramos? Básicamente, a través de una alimentación equilibrada, que contenga un múltiple aporte de vitaminas y proteínas, las cuales fortalecen la eficacia del tejido por el cual se filtran los virus al organismo.
Para ello, debemos ingerir frutas en abundancia (no sólo cítricos), pescado, vegetales, fibras y carnes blancas y rojas, las cuales brindarán al cuerpo proteínas, oligoelementos y vitaminas A, B1, B6, B12 y C.
Otro alimento del que no nos debemos olvidar es la clara del huevo. Si bien en los últimos años existe una “cultura anti-huevo” fundamentado en el contenido en colesterol, conviene aclarar que el mismo se encuentra únicamente en la yema. La clara, por lo contrario, es muy rica en proteinas.
En el caso de no poder llevar una dieta de este tipo, puede resultar conveniente adosar vitaminas sintetizadas, siempre bajo el consejo de un especialista en nutrición.
¿Antibiôco paras resfriados?
Muchas personas, asustadas o preocupadas por la aparición de un cuadro viral, se autoadministran antibióticos, y también pueden hacerlo ocasionalmente con sus hijos y parientes. ¿Esto es correcto? Hay que recordad que la gripe es una enfermedad viral y que los antibióticos luchan contra las bacterias y no contra los virus.
Además de esta cuestión, el problema central radica en que ingerir antibióticos inútilmente puede ocasionar una resistencia bacteriana. Esto quiere decir que, cuando un individuo ingiere innecesariamente antibióticos, produce que la bacteria se haga resistente a los medicamentos administrados, lo cual hará que ese antibiótico no sea de utilidad al próximo paciente contagiado con esa misma bacteria. Es por ello que algunos antimicrobianos han perdido su efectividad en los últimos años.
En definitiva, debemos considerar la inutilidad de ingerir antibióticos cuando haya gripe (aunque la misma esté acompañada de dolor de garganta, por ejemplo). Lo que debemos hacer siempre es consultar al médico de familia, clínico, pediatra o especialista, que nos brindará las respuestas necesarias como para poder soportar esa “semana fatal” de la mejor manera posible.


