En el estudio, realizado con más de 2.000 recién nacidos en Filipinas y cuyos resultados publica el 'Journal of the American Heart Association', se observó que cuanto más pesara el recién nacido menor era el riesgo de sufrir una tensión arterial elevada durante la adolescencia. Además, se detectó que aquellos bebés que nacieron delgados y que luego engordaron mucho durante la adolescencia eran los que presentaban mayor riesgo de hipertensión, el doble comparados con aquellos que no estuvieron mal nutridos en el útero.
Para las niñas, un aumento de peso entre los ocho y los 15 años aumentó su probabilidad de tener hipertensión, pero ese riesgo no estaba relacionado con el peso que presentaron en el momento del nacimiento. Los niños con un crecimiento más rápido en los primeros dos años de vida tampoco presentaron un incremento del riesgo de hipertensión en la adolescencia, aunque ellos fueran delgados al nacer. La diferencia detectada según el sexo "es una pregunta que no podemos responder", comentan los autores. "Pensamos que la razón podría estar relacionada con la madurez sexual, pero cuando esto lo tuvimos en cuenta en nuestro análisis, no encontramos esta diferencia".


