El efecto en la prevención de la osteoporosis ha sido mucho más difundido. Son muchos los artículos que asocian las isoflavonas a una disminución de la pérdida de masa ósea y una normalización de los parámetros de metabolismo del hueso. En cuanto a su impacto en las fracturas, un estudio con 24.000 mujeres postmenopáusicas de la Facultad de Medicina de Vanderbilt, en Nashville, (Tennessee), publicado en Archives of Internal Medicine (ver DM del 19-IX-2005), confirmó que el extracto de soja reducía el riesgo de fracturas en aproximadamente un 30 por ciento. Por prudencia, el consenso recomienda no utilizarlas en casos de cáncer de mama o "individualizar su uso a cada caso". Esta determinación se ha tomado por no existir datos de que las isoflavonas protejan del cáncer. Pero lo que sí está demostrado, como ha recalcado Javier Haya, "es que no aumentan el riesgo de este tipo de cáncer". De hecho, ni la FDA ni la EMEA las contraindican en pacientes oncológicas. La dosis aconsejada de isoflavonas debe oscilar entre los 40 y los 80 miligramos, en función de las características de las pacientes. En el mercado, las isoflavonas están disponibles en forma de especialidad farmacéutica publicitaria (EFP) o de complemento nutricional.
Las primeras, controladas por el Ministerio, tienen la obligación de declarar la dosis que incluyen, no así las segundas, que muchas veces cuantifican el contenido de extracto de soja total, pero no de isoflavonas. Ante la experiencia de un estudio norteamericano que analizó uno a uno todos los productos disponibles de extractos de soja, y encontró que sólo la mitad llevaban la dosis que anunciaban, la Sociedad Española de Ginecología Fitoterápica recomienda el consumo de EFP. Además, han anunciado el inicio de un estudio, coordinado por Cecilio Álamo, catedrático de Farmacología de la Universidad de Alcalá de Henares, de todos los productos disponibles en España para confirmar la cantidad de isoflavonas que contienen.


