Por este motivo, los autores admiten que se trata de un tratamiento prometedor para determinadas enfermedades y problemas relacionados con la edad, sin embargo, por el momento, aseguran, que "no es aconsejable para el público en general y debe confinarse a estudios clínicos".
Estos problemas han puesto en tela de juicio la seguridad de este fármaco, tanto solo como en combinación con otro tipo de hormonas de carácter sexual, bien sea testosterona o estrógenos en el caso de las mujeres. A juicio de uno de los directores de este trabajo, el Dr. Marc Blackman, de los 'National Institutes of Health' norteamericanos, "queda mucho por saber sobre la seguridad de este tipo de hormonas y, lo que es más importante, son muchos los efectos secundarios reales y potenciales asociados con ellas; por el momento la principal recomendación es que sólo se empleen en el seno de investigaciones y ensayos clínicos" .
Aunque el estudio duró sólo seis meses, los autores temen que los efectos a largo plazo puedan ser aún más serios. De hecho, por lo que ya se ha visto en animales, la hormona de crecimiento puede acelerar el proceso de envejecimiento, reducir el promedio de vida e incluso producir el crecimiento de tumores cancerígenos. En el caso de los humanos, los principales problemas son los relacionados con la artritis y los dolores articulares.


