La genética, en parte, es responsable de causar esta enfermedad. Y la otra gran cuota de culpa está en el estilo de vida. Grandes cantidades de almidón, comidas procesadas, azúcar, falta de ejercicio, tabaquismo y estrés son los principales cómplices del Síndrome Metabólico.
¿Y entonces? Entonces comienza a ejercitar hoy mismo. Incrementa el consumo de agua y descarta el almidón, el azúcar y las comidas procesadas de tu dieta. Suprime o limita el consumo de cafeína. Al menos, un tercio de tu alimentación diaria deben ser vegetales.
Pide a tu doctor que revise tus niveles de azúcar en sangre. Cambia la alimentación y comienza a caminar. Te sorprenderás con los kilos que dejarás en el camino. La fatiga y la pasividad comenzarán a desaparecer y, en cambio, tú te sentirás mucho mejor.
Diabesidad
Aunque son dos entidades diferentes, la diabetes y la obesidad tienen un punto en común. Ambas pueden formar algo llamado Diabesidad. Éste es un neologismo cada vez más frecuente, inventado por un médico israelí llamado Eleazar Shafrir.
Pronto fue adoptado por epidemiólogos de todo el mundo y hoy, en todos los congresos de cardiología, suele hablarse de diabesidad. La epidemia de obesidad se ha transformado en una epidemia de diabesidad, dado que la obesidad conduce a la diabetes de tipo II.
Los países del primer mundo están luchando para frenar esta situación, por que sus estadísticas a las siguientes décadas determinan que no van a poder generar los recursos necesarios para cubrir los gastos que generará esta entidad. Y en los países del tercer mundo, no se está haciendo nada.
Así, surge un interrogante, ¿qué pasará en los países sin recursos económicos para soportar la incapacidad laboral, la necesidad de insumos hospitalarios, etcétera? ¿Cómo se paliarán las consecuencias terribles de esta entidad llamada Diabesidad que parte, simplemente, de una obesidad?


