Los efectos a largo alcance del gateo

Muchos han sido los avances tecnológicos en la actualidad, tanto que se espera incluso de los bebés que caminen antes de aprender a gatear, ahorrándoles de esta forma un paso de primordial importancia para su desarrollo locomotriz.
Plantearemos la siguiente pregunta como punto de partida:
¿Alguna vez has conducido solo por primera vez a un lugar donde habías ido con anterioridad como pasajero? Si es así, cuando tuviste que encontrar el camino, probablemente viste señales que nunca habías notado y después de llegar al lugar deseado, bajo tu propia responsabilidad, te sentiste más familiarizado con la ruta completa. Lo mismo parece sucederle a los bebés cuando comienzan a moverse por todas partes por sí mismos, después de haber estado en brazos de sus padres y demás familiares.
En efecto, el surgimiento de la “locomoción producida por sí mismo” parece ser un momento crucial en la segunda mitad del primer año de vida, que influye en muchos aspectos el desarrollo físico, intelectual y emocional.
Entre los 7 y 9 meses de edad los bebés muestran grandes cambios. Muestran a través de su conducta que están empezando a entender conceptos como “cerca” y “lejos”, imitan conductas más complejas, muestran nuevos temores a los extraños, a las alturas y a los objetos no familiares y por otro lado, muestran un nuevo sentido de seguridad cuando están en la cercanía de sus padres o de las personas encargadas de su cuidado. Ya que cambios como estos conllevan a tantas funciones nuevas diferentes, algunos estudiosos llaman a esta etapa, la etapa de reorganización de la función cerebral.
Este desarrollo neurológico puede estar basado en el movimiento como una de las habilidades básicas que surgen en la primera infancia: la habilidad de gatear, que hace posible que el bebé se mueva por todas partes sin depender de nadie.


