el riesgo de fractura y sea una fuente de diferencias entre los sexos en los umbrales diagnósticos de osteoporosis. Por otro lado, un hueso de mayor tamaño también debería tener una mayor resistencia a la fractura (gracias a su ventaja biomecánica) y posiblemente la relación entre
densidad mineral ósea-riesgo de fractura descrita en huesos más pequeños (como en las mujeres) es así mantenida fortuitamente. Por lo tanto, la técnicas de medición densitométricas más comúnmente utilizadas, como el DEXA, están plagadas de artefactos relacionados al tamaño que tienen efectos inciertos sobre los criterios previamente desarrollados en las mujeres. En vista del impacto incierto del tamaño óseo sobre la relación
densidad mineral ósea-riesgo de fractura, es imprudente asumir que los niveles de densidad mineral ósea asociados con un riesgo de fractura dado en
mujeres deberían tener la misma utilidad en varones. Otras técnicas (como la medición volumétrica) pueden ser menos afectados por este problema, pero aún cuando se utilizan métodos volumétricos, el hecho de que los hombres tengan huesos de mayor tamaño aún pueden alterar la relación entre la densidad mineral ósea y el riesgo de fractura.
Virtualmente todos los trabajos, tanto transversales como longitudinales, documentan que el promedio de densidad mineral ósea areal de cadera y columna en varones que sufren fracturas es mayor que el de las mujeres que experimentan fracturas similares. Por ejemplo, el estudio epidemiológico de osteoporosis de Dubbo reportó que los varones que sufrieron fracturas con traumas leves tenían mayor densidad mineral ósea por DEXA en columna y caderas (aproximadamente el 20% mayor en cada sitio) que las mujeres que experimentaron fracturas. Similarmente, el Estudio Europeo de Cuantificación de Osteoporosis encontró que la densidad mineral ósea del fémur proximal era considerablemente mayor en varones con fractura de cadera que en las mujeres con fractura. Ocurrieron más fracturas en las mujeres y en los pacientes con fractura la densidad mineral ósea promedio en las mujeres era más baja que en los varones.
En los análisis del estudio de Rotterdam, en la cual se asumió que la relación entre la reducción relativa de la densidad mineral ósea y el riesgo fractura era la misma en varones y mujeres, De Laet poyectó que no habría efecto del sexo sobre el riesgo de fractura de cadera en ningún nivel de densidad mineral ósea. Subsecuentemente, el modelo (incluye edad, sexo y densidad mineral ósea) parece ser útil para estimar el riesgo de fractura cuando se comparó con los datos obtenidos prospectivamente. Sin embargo, estos estudios no examinan directamente la hipótesis de que la relación entre densidad mineral ósea y el riesgo de fractura no sea influido por el sexo.
Los análisis de Rochester sugieren que los hombres tienen una relación diferente entre densidad mineral ósea y el riesgo de fractura que las mujeres. Además, un examen de los resultados de los trabajos recientes sostienen que las diferencias por el sexo en la relación densidad mineral ósea-riesgo de fractura. Se sugería de este análisis que la relación entre las mediciones de densidad mineral ósea en cadera y columna y el subsecuente riesgo de fractura es diferente en hombres y mujeres. Hasta este punto, la información disponible es obviamente contradictoria y probablemente insuficiente para definir absolutamente esta cuestión.
Cuando se asume un criterio único de diagnóstico neutral basado en los niveles absolutos de densidad mineral ósea derivado de los estudios en mujeres, la mayoría de los hombres pueden no ser reconocidos como estar en riesgo, una situación reñida totalmente con lo común de la osteoporosis en varones. Como los hombres experimentan fracturas con un nivel relativamente elevado de densidad mineral ósea, muchos, si no la mayoría de aquellos que experimentan fractura de cadera, podrían no ser considerados en riesgo utilizando los estándares convencionales de las mujeres (menor de 2 o 2,5 desvíos estándar por debajo de la mujer joven normal). Melton ha reportado recientemente que 19% de los varones de Rochester, por encima de 50 años tenían osteoporosis en uno de los tres sitios de medición (cadera, columna horario utilizando los criterios de 2,5 DS) cuando el rango de referencia del varón joven normal era utilizado, pero solamente 3% eran clasificados así si se utilizaban los niveles de referencia de las mujeres jóvenes normales..En el NHANES, 6% de los varones eran aceptados como tener osteoporosis (menos de 2,5 DS por debajo del varón joven normal en el cuello femoral), una cifra que era reducida cuando se aplicaban los criterios femeninos. Obviamente, las implicancias de salud pública de la elección de criterios diagnósticos son grandes. Dado el hecho de que hasta el 25% de los varones de raza blanca mayores 60 años puede experimentar fracturas con pequeños trauma en su vida, el número de hombres identificados como en riesgo utilizando los criterios femeninos parece inapropiadamente bajo.
Las incertidumbres permanecen sobre el efecto del sexo sobre la relación entre riesgo de fractura y densitometría y las actuales umbrales basados en los niveles absolutos de densitometría utilizados para mujeres pueden irrazonablemente minimizar el número de hombres que serían identificados como de estar en riesgo de fractura. Así, hasta que se dispongan de datos adicionales, es sensible utilizar criterios específicos de sexo para seleccionar los hombres para intervención preventiva y terapéutica.