las glándulas suprarrenales son estimuladas para volver a elevar los niveles de glucosa. Además, el alcohol interfiere con la absorción del zinc (fundamental para el control del estrés) y fomenta la absorción del plomo (un estresante) en el organismo. 

2) Deshidratación

Un cuerpo deshidratado es un cuerpo estresado. Entre sus muchos efectos, la deshidratación causa que las glándulas suprarrenales produzcan aldosterona, la cual aumenta la absorción de sodio en la sangre, y con ello la retención de agua.

3)  Deficiencia de nutrientes

La vitamina E ayuda a que las hormonas relacionadas con el estrés no sean destruídas por el oxígeno. La deficiencia de la vitamina B5 hace que las glándulas suprarrenales pierdan su capacidad de producir hormonas. A su vez la vitamina B5 ayuda a reciclar el colesterol (las hormonas del estrés están hechas de colesterol). La vitamina C favorece la producción de hormonas suprarrenales, mejora su utilización y retrasa su destrucción.

Otros nutrientes importantes para fortalecer las glándulas suprarrenales son los ácidos grasos esenciales (Omega 6 y 3), y las vitaminas A y B2. Cualquier deficiencia en nuestra alimentación de estos nutrientes puede debilitar nuestras glándulas suprarrenales y afectarnos negativamente en nuestra forma de enfrentarnos al estrés.

Los nutrientes para controlar los bajones de azúcar y evitar, así, la estimulación de las glándulas suprarrenales son el zinc, magnesio y cromo, la vitamina B3, B6 y los ácidos grasos esenciales. Sus deficiencias pueden hacernos más susceptibles al estrés.  

4) Comidas irregulares o falta de comida

Si el espacio entre comida y comida es muy largo (unas 4 ó 5 horas, o más), el organismo acabará agotando la glucosa en sangre. Una vez que esto ocurre las glándulas suprarrenales producen adrenalina y noradrenalina para estimular al hígado a que libere el glucógeno (glucosa) guardado, y así volver a regular los niveles de glucosa en la sangre.  

5) Escasez de proteína y exceso de carbohidratos en la dieta

Un exceso de carbohidratos y/o la falta de proteína en la dieta hace que la glucosa de la sangre suba desproporcionadamente. Esto activa al páncreas a producir insulina, la cual baja los niveles de glucosa de forma rápida y abrupta, produciendo el llamado "bajón de azúcar". Éste, a su vez, pone en alerta el organismo para que las glándulas suprrarenales fabriquen las hormonas adrenalina y noradrenalina, las cuales estimulan al hígado a que libere el glucógeno guardado para volver a subir la glucosa en la sangre. La proteína, por otro lado, estimula la producción de glucagon (una hormona producida por el páncreas), que previene el bajón de azúcar.

6) Dieta proinflamatoria

Un exceso de carne roja, productos lácteos, trigo, azúcar, café y alcohol, y la deshidratación crónica, favorecen la inflamación. Estas sustancias tan utilizadas en nuestras costumbres alimenticias, actúan desactivando las enzimas metabólicas delta-5-desaturasa y delta-6-desaturasa que son las encargadas de convertir los aceites Omega 6 (frutos secos, semillas y ciertos vegetales) y Omega 3 (pescado) de nuestra alimentación en prostaglandinas 1 y 3. Estas prostaglandinas son sustancias antiinflamatorias tremendamente necesarias para nuestro organismo ya que ayudan a prevenir la artritis, eczema, migrañas, asmas etc. La inflamación, por otro lado, produce la fabricación de cortisol, y por lo tanto, la estimulación de las glándulas suprarrenales. Cualquier tipo de inflamación crónica actúa de estresor en nuestro organismo.

7) Mala digestión y/o disbiosis intestinal

La falta de ácido clorídrico, enzimas digestivas, una vesícula biliar perezosa, el comer sin masticar adecuadamente, o cualquier desequilibrio intestinal (candidiasis, parasitosis, etc) favorecen la mala digestión. Cuando esto ocurre, el intestino se recarga de moléculas mal digeridas que producen fermentación o putrefacción, causando inflamación intestinal crónica y permeabilidad intestinal. A través de esta permeabilidad las moléculas mal digeridas pueden viajar a la sangre actuando como estresores y agentes extraños y causando inflamación en diversas partes del organismo. Como ya he mencionado en el párrafo anterior la inflamación crónica actúa de estresor activando las glándulas suprarrenales para que produzcan la hormona cortisol.

Nuestras glándulas suprarrenales ya se enfrentan a suficiente estrés, que no podemos controlar en su totalidad, como es la contaminación, los pesticidas en el agua y alimentos, las responsabilidades familiares y laborales, la radiación... por eso es fundamental que hagamos todo lo posible para no generarles aún más estrés. Así pues introduciendo una alimentación sana, lo más biológica y fresca posible; ejercicio moderado; suplementos nutricionales específicos; y evitando estos 7 puntos anteriormente mencionados, podemos evitarle a nuestro organismo un estrés innecesario. Esto no sólo nos hará sentirnos mucho mejor físicamente sino que, por otro lado, nos ayudará a enfrentarnos más livianamente al estrés que la vida, por el contrario, irremediablemente nos produce.

(Este articulo fue tomado con la debida autorizacion escrita de:www.calacervera.com)





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