El ejercicio cerebral y la inteligencia
La inteligencia es la capacidad para aprender o comprender. Suele ser sinónimo de intelecto (entendimiento), pero se diferencia de éste por hacer hincapié en las habilidades y aptitudes para manejar situaciones concretas y por beneficiarse de la experiencia sensorial. En psicología, la inteligencia se define como la capacidad de adquirir conocimiento o entendimiento y de utilizarlo en situaciones novedosas. En condiciones experimentales se puede medir en términos cuantitativos el éxito de las personas a adecuar su conocimiento a una situación o al superar una situación específica. En círculos académicos algunos consideran que la inteligencia es una suma de habilidades específicas que se manifiesta ante ciertas situaciones.
Algunos especialistas opinan que al mantener el cerebro activo a través de los años, desarrollando habilidades en un campo tras otro, como por ejemplo ejercitarse tratando de resolver problemas matemáticos intrincados, aprender otro idioma, aprender a realizar juegos malabares con cuatro o cinco pelotas al mismo tiempo, obligan a la persona a concentrarse muy intensamente. Es decir que mientras más se utilice el cerebro, mejor funcionará.
Se trata del concepto de que lo que no se usa, se atrofia, aplicado a al mente. Entre quienes lo proponen hay cada vez más neurocientíficos psiquiatras. Estas personas creen que una mente acostumbrada a los desafíos de la lectura, de un pasatiempo absorbente o bien del trabajo, ya sea pagado o voluntario, continuará vigorosa y creativa durante la vejez.
Aunque el cerebro cambia con la edad, los científicos no están seguros de cuáles sean los efectos que esto pueda tener en la capacidad de pensar y razonar. En el Instituto Nacional de Estudio sobre la Senectud, un organismo federal estadounidense con sede en Bethesda, Mariland, sostiene que ya no se considera regla general que las personas sufran el deterioro de su capacidad mental a medida que envejecen. ” Muchos de los cambios que antes se creían relacionados con el envejecimiento”, ahora se atribuyen a enfermedades e incluso a medicamentos”
Hasta hace poco, los investigadores no se preguntaban si los ancianos que conservaban su mente activa gozaban de esa ventaja porque estaban sanos o porque continuamente se imponían retos. De ahí que se considerara insólito un estudio cuyos resultados se publicó en 1990 dos doctores de la Escuela Superior Baylor de Medicina, en Houston, Texas. En el estudio, que duró cuatro años, un grupo de personas saludables de edad avanzada fue observado de cerca, para determinar si aquellas personas que se abandonaban a la inactividad experimentaban alguna de sus capacidades mentales.
Los 83 participantes tenían alrededor de 65 años, y estaban trabajando cuando se inició el estudio. Los investigadores los sometieron a pruebas neurológicas y psicológicas, y midieron el riesgo sanguíneo de su cerebro. Todos los resultados fueron normales para la edad de los sujetos.
Posteriormente, un tercio de los participantes siguió trabajando. Otro tercio se jubiló, pero continuó en actividad física y mental. Los demás permanecieron inactivos, en general, después de su jubilación. Cuatro años después se descubrió que a los inactivos les había disminuido el riego sanguíneo en el cerebro. Además los resultados de estas personas en pruebas de inteligencia fueron muy inferiores a los que obtuvieron los otros dos grupos. Se concluyó entonces que esto es una relación de causa y efecto, ya que lo único que varió fue el nivel de actividad de esas personas.
Se están llevando a cabo otros estudios similares, pero pueden pasar años antes de que se confirmen los resultados. Mientras tanto, la idea de que la gente puede conservar sus capacidades mentales si no deja de ejercitarlas sigue siendo motivo de controversia, La hipótesis se basa principalmente en experimentos con animales.
Otros estudios hablan de una experiencia en el cual unas ratas estimuladas con molinetes y otros aparatos colocados en leer más


