El Optimismo: esa vieja fórmula

Las dificultades ponen a prueba a las personas. Una de las habilidades más buscadas por las Organizaciones competitivas, eficientes o de excelencia, es la capacidad de liderazgo en su recurso humano. La capacidad para ejercer el liderazgo requiere de uso, desarrollo y aplicación de habilidades internas que apoyen a los individuos en los momentos de dificultad y, el optimismo, es uno de estos primordiales valores.
Ser optimista es suponer que el medio y las dificultades que éste nos ofrece, son susceptibles de ser modificadas o mejoradas, a partir de nuestra experiencia, nuestros conocimientos y creatividad, recursos adquiridos a lo largo de nuestro devenir. El optimismo es ese valor con que contamos y que nos ayuda a confrontar de manera directa y sin evadirlas, las dificultades suscitadas. Con nuestro mejor ánimo, anteponiendo la confianza del éxito y convencidos de que si, éste, no sobreviene, no lo juzgaremos como un fracaso.
Aun cuando muchas veces no alcancemos el éxito, a pesar del esfuerzo, empeño y sacrificio, el optimismo se evidencia como una actitud permanente de “recomenzar”, de volver al análisis y al estudio de las situaciones para comprender mejor la naturaleza de las fallas, errores y contratiempos. El optimismo se refrenda precisamente en el error porque si las cosas no fallaran o nunca nos equivocáramos, no haría falta ser optimistas.
Las organizaciones requieren de líderes a seguir y estos líderes a su vez deben estar imbuidos de actitudes positivas que inspiren a seguirlos. El paso hacia una actitud optimista requiere de una disposición entusiasta y positiva, por ello es conveniente:
- Tender a ver las cosas desde una perspectiva de análisis a partir de los puntos buenos y positivos.
- Realizar un esfuerzo máximo por aportar sugerencias y soluciones, en vez de críticas o quejas.
- Tratar de descubrir las cualidades y capacidades de los demás, reconociendo su esfuerzo, interés y dedicación.
- Aprender a ser sencillo y pedir ayuda. Entender que un “no sé, lo aprendo”, es la base para que los demás nos enseñen.
- Evitar alardear sobre nosotros mismos. La humildad camina de la mano con la sabiduría, la ignorancia es más bien vanidosa y vocinglera.
El optimismo no se resume en la cantidad de fracasos sino en la manera de encontrar en la adversidad leer más


