Los resultados obtenidos no siempre han sido iguales, posiblemente porque entre más temprano en la vida se inicia la complementación nutricional con el folato, es más probable que sea efectiva. En un estudio, pudimos notar que muchachos con el síndrome X frágil mostraron mejoría en su comportamiento lo mismo que en su habilidad motora después de recibir los complementos nutricionales de folato, mientras que los varones adultos no mostraron cambios. Al mismo tiempo, las células positivas X frágil de muchachos autistas se hicieron más raras o desaparecieron (Guotavson IG et al. Effect of folic acid treatment in the fragile X syndrome. Clin Genet 27151:483-67, 1985). Dosis altas de folato diariamente por al menos algunos meses parecen ser necesarias para alcanzar los cambios mencionados.
Hemos notado también que algunos pacientes autistas son sensibles a ciertos alimentos (Reichelt KL et al Gluten, milk proteins and autism: Dietary intervention effects on behavior and peptide secretion. J Appl Nutr 432(11:1-111, 1990). Existen varios estudios que confirman cómo una modificación en la alimentación puede producir cambios benéficos dramáticos en estos casos (Reichelt KL et al. Biologically active peptide-containing fractions in schizophrenia and childhood autism. Adv Biochem Psychopharmacol 28:627-43, 1981). Si esto sucede, se recomienda evitar los alimentos comunes, por lo menos una semana y ver si su comportamiento mejora. Así que hay que identificar el o los alimentos inductores.
Otro nutriente que hemos encontrado útil en los pacientes con autismo, es la vitamina C. La razón de su beneficio es porque la vitamina C actúa directamente como un antagonista competitivo en los receptores de la dopamina (Smythies JR. The role of ascorbate in brain: therapeutic implications. J Roy Soc Med. 89(5):241, 1996). También en otros estudios clínicos se encontró que los complementos de vitamina C atenúan en los autistas la severidad de los síntomas motores (Dolske MC, Spollen J, McKay S, Lancashire E, Tolbert L, A preliminary trial of ascorbic acid as a supplemental therapy for austim. Prog Neuropsychopharmacol Biol Psychiatry 17(5):765-74, 1993).
Ahora bien, dentro del grupo de los minerales, tenemos que son útiles el magnesio y el calcio. Se encontró que los pacientes con autismo que se dañaban a sí mismos, dejaron de hacerlo o al menos redujeron su auto-agresión (Pfeiffer SI, Norton J, Nelson L, Shott S, Efficacy of vitamina B-6 and magnesium in the treatment of autism: a methodology review and summary of outcomes: J Autism Dev Disord 25(5):481-93,1995). En un ensayo clínico que realizamos, encontramos resultados muy similares a otros estudios en relación con los niveles de magnesio en el cabello. Todos los pacientes autistas tuvieron niveles bajos de magnesio en sus resultados del examen mineral del pelo (Marlow M et al. Decreased magnesium in the hair of autistic children. J Orthomol Psychiatry 13(2):117-22, 1984).
Con respecto a los aminoácidos, ahora sabemos que el aminoácido esencial conocido como triptófano está involucrado en modular el comportamiento autista.
Según los resultados de un nuevo estudio, las dietas bajas en triptófano pueden hacer que los síntomas del autismo empeoren mucho (Mc Doughle, Arch Gen Psychiatry: Nov 1996; 53:989-96).
Por otro lado, hemos hallado que aproximadamente el 49 % de todos los pacientes con autismo, que hemos estudiado, tienen niveles elevados de metales tóxicos. Durante 1988, el Dr. E. Courchesne encontró que una porción anatómica específica del cerebelo es mucho más pequeña y menos desarrollada en los niños autistas que en los niños normales.
Por otro lado, el Dr. Hans-Arne Hannson del Instituto de Neurobiología de la Universidad de Goteborg en Suecia, reportó que la breve exposición a microondas resulta en un daño en las estructuras celulares nerviosas después de 2 meses de dicha exposición.
Se encontró que los cambios anatómicos patológicos fueron producidos específicamente en los cerebelos de los recién nacidos. Por el momento, no podemos estar seguros si las lesiones reales en los cerebelos de los niños autistas igualan a la de los cerebelos de los animales que fueron expuestos o a campos de frecuencia de poder o a microondas. Sin embargo, el surgimiento aparente del autismo como un problema clínico, a principios de los años 40´s, sí coincide con el incremento marcado en nuestro uso de la energía electromagnética. El hecho de que ambos los niños autistas y los animales experimentales hayan mostrado lesiones en la misma porción del cerebro, es una coincidencia notable que debe de estudiarse profundamente.
(Este articulo fue tomado con la debida autorizacion escrita de:www.enbuenasmanos.com)


